Finalmente terminé mi proyecto de "manitas". Originalmente, pensé en hacerla lámpara de techo y colgarla con una cadena. Fui rápido para aceptar la sugerencia de que se transformara en lámpara de piso, simplemente la idea de que se te caiga en la cabeza un cajón de botellas de leche Conaprole.
No conseguí interruptor de pie por ningún lado. Finalmente, apareció uno en una ferretería frente al Shopping de Portones. Pero blanco... Hubiera sido ideal negro, más discreto, así combinaba con el cable. Es lo que había, valor.
El armado tuvo su ciencia, me llevó bastante más tiempo del que pensaba. Las botellas las lavé por arribita: la mugre las hace brillar mucho mejor. La jaula pesa como un muerto: no quiero imaginarme lo que era acarrearla llena de diez litros de leche.
Como nota final, agrego que las botellas las fui comprando durante varias semanas en Tristán y sus precios no podrían haber sido más variados. Entre las botellas y las bombitas, la joda terminó costando mucho más de lo que había previsto, pero ahora me puedo dar el lujo de iluminar el living con reflejos de vía láctea.
