O más bien "Mafafa", que parece que es como le decía yo cuando era enano. Encontré este juguete de mi infancia entre las cosas de mis viejos y me dejó pensando sobre la fabricación de juguetes y la cultura de un país. A pesar de Gardel, el dulce de leche y todas esas disputas, Mafalda es netamente argentina, pero se hizo un lugarcito en la cultura uruguaya. Así que lo que diré calculo que es válido para la cultura argentina, pero podría aplicarse a la nuestra. Esta muñeca de plástico debe tener 30 años y es un vestigio de un país que fabricaba juguetes sobre sus propios personajes de historieta. Hoy, las fronteras de la cultura se volvieron difusas y los personajes son estadounidenses, europeos o japoneses, y de esos lados vienen sus películas y su merchandising, incluyendo los juguetes. El juguete es seguramente la última fase de la industria cultural: si un concepto tiene éxito, se fabrican juguetes, sábanas, cuadernos, lápices y demás minucias que mantienen las formas del personaje. El juguete se transforma, entonces, en un termómetro cultural. Una cultura sana fabrica sus propios juguetes. Para hacer un diagnóstico de la cultura de un país, no hay que mirar tele, ni ir a las librerías ni a los cines: basta con entrar a una juguetería.
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