Los ochentas fueron grandes. Tan grandes que normalmente trato de no pensar en ellos. Tan grandes que he intentado trepanar parte de mi cerebro insertando un palito de helado Conaprole por una de mis narinas. Pero no se puede resistir lo que es más fuerte que uno mismo. Esta cartuchera, que conseguí ayer en lugar poco recomendable, es una maravilla de la tecnología. Poco importa que hace más de 20 años que no le saco punta a un lapiz. La goma de pan sólo la uso para sacar rayones de las paredes de mi casa (es un consejo digno de Utilísima). Pero esta cartuchera tiene TODO lo que un burócrata puede necesitar si naufraga en una isla desierta. Y termómetro! Para poder falsificar fiebres terminales en 5toB de escuela! Maestra: si el termómetro de mi cartuchera dice que tengo 47 grados, es porque estoy enfermito! Ahora que lo pienso, a esta cartuchera sólo le falta un lector de MP3. Ya está. El ipod shuffle entra perfesto en el compartimento del cassette.
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