Recien hoy caigo que hacía 10 años que no visitaba Brasil como dios manda. Bah, no sé si dios manda verla (el femenino no es un typo) a las apuradas en una semana de locura, pero confirmé lo que siempre dije como al pasar: que Brasil me da vuelta la cabeza tanto como Japón. Y las comparaciones entre Tokio y San Pablo no huelgan.
La primera imagen es de un grafiti de la
Universidad Anhembi Morumbi, seguramente uno de los lugares más cool del planeta para estudiar diseño. Digo esto simplemente desde la sensación estética que me dejó visitarla, si bien no conozco a fondo ni a los programas ni a los docentes, basta con entrar al campus (antigua fábrica de helados) para dejarse llevar por el colorido musical de las paredes y estudiantes. Y para colmo de males, no sólo enseñan videogames, sino que también diseño de moda. Por alguna razón, desde hace cosa de un año cada vez pienso más en diseño de ropa, accesorios y otros artilugios para acariciar la piel de las damas y de los damos que lo merezcan. Al principio creí que era porque me había cansado de los juegos, pero cada vez más me convenzo que es porque la moda es disfraz, y el disfraz es juego ("Faz de conta" que soy otro, "ta que" yo soy tal y vos sos cual?) Si Mefisto se me aparece y me propone tener veinte años de vuelta para estudiar allí, abro el album de fotos de mi vida, empiezo a arrancar instantáneas y a cambiar figuritas con el Maldito sin pensarlo dos veces.
La otra foto es una continuación del post anterior. En la Universidad Federal de Sao Carlos (estado de San Pablo, a dos horas y media al norte de la ciudad de mismo nombre), la columna nos avisa sobre la prohibición de jugar a las cartas sobre las mesas de plástico. Misterio. Pregunto a los locales y todos ponen cara de "obvio, m'hijo, ¿cómo vas a jugar a las cartas sobre mesas de plástico?" La respuesta no tarda en aparecer. Parece que su versión del Truco es de dar fuertes golpes sobre la mesa, y las patas plásticas no fueron creadas para contener los exhuberantes impulsos lúdicos de los paulistas. La naturalidad de la prohibición me hace pensar que deben ser juegos salvajes, luchas tropicales sin piedad donde la fuerza bruta puede más que el azar. Pero, claro, todo esto me lo imagino porque por culpa del cartelucho, no pude ser testigo de tanta violencia. Los brasileros parecen haber inventado un nuevo género de juego: los juegos de mesa... dura.
ahhh es verdad, son salados !
siempre me pregunté cómo somos tan distintos estando tan cerca (¿?)brasil es hermoso pero en modo
muting, no soy muy fan del portugués :S
te mando vía mail foto de local brasileño en tokyo
Publicado por: a.i | septiembre 01, 2008 en 01:46 p.m.