...pidiendome cigarros. Harto de que me pregunten si el 522 para en la esquina. Harto de que me pregunten si ya pasó el 522. Harto de que me pidan fiado. Harto de los que entran, hacen mil preguntas y se van sin comprar nada. Harto de que no venga nadie en todo el día y justo entre gente cuando estoy en el baño. Harto de que me vengan sin cambio. Harto de que entren veinte personas cinco minutos antes de cerrar. Harto de los que tocan si no van a comprar. Harto de los que me piden para hacer una llamadita. Harto de los que me imploran por usar el baño. Harto de que el dueño pase sin aviso justo el día que cerré 15 minutos antes. Pero, por sobre todas las cosas, estoy harto de los que no leen mis carteles."
Esto es lo que yo leo en este cartel, que me llamó la atención el otro día en la puerta de un cyber. Personalmente, yo estoy harto en general de los que hacen carteles. El cartel es un arma peligrosa y mortal, si se usa bien. El problema es que muchísimas veces termina siendo un parche mal usado para arreglar cosas que no se pueden solucionar a medias. Por ejemplo, los carteles que dicen "Puerta Clausurada". Obviamente todo el mundo va a seguir tratando de usar la puerta a pesar del cartel, porque la puerta sigue siendo una puerta. Mucho más efectivo que poner un cartel es quitar el pestillo. Es como poner la sal en el azucarero y avisarle a todo el mundo en tu familia. A pesar del aviso, tarde o temprano, alguien se terminará poniendo cara de puaj a la hora del café con leche. Y el "yo te avisé" no viene al caso (salvo que sean los Fabulosos). Avisar es inútil, porque los objetos tienen carteles internos e invisibles, que están en el ADN de su diseño. Las puertas están hechas para ser abiertas. Los azucareros para poner azúcar. Y los kioscos, para ser acosados por preguntones.
Hay otras razones por las cuales la gente no lee los carteles. La segunda y más probable es que estamos inundados por ellos. Y la mayoría son realmente malos. Es una de las secuelas que nos dejó la revolución del desktop publishing en los 80 (la culpa la tiene Steve Jobs y su bendita Mac con impresora laser). Hoy cualquiera tiene una impresora, la cual es otra arma muy poderosa (no en vano el principal enemigo de los totalitarios es el mimeógrafo). El problema es que, a diferencia de los autos, no hay curso obligatorio ni licencia para usarla. Entonces se piensa que por el simple hecho de saber escribir y plasmar unos textos en un pedazo de papel, podemos cambiar el mundo. La verdad, como siempre, es un poco más complicada. La mayor parte de las veces, ni los carteles bien escritos y diagramados pueden cambiar el mundo. Pero por lo menos son más leídos, y gracias a eso los buenos diseñadores gráficos duermen tranquilos por las noches.
De todas formas, hagan lo que hagan, no pidan cigarros en el cyber de la foto (Punta Carretas). Este cartel me asustó más que el tradicional cartelito que se pone en las puertas de los jardines, el cual en épocas romanas se conocía como "cave canem" y hoy se escribe "cuidado con el perro". Y a pesar de la combinación de miedo y ternura que me da el empleado/a cartelista, me atrevo a entrar e irrumpir en su boliche para molestarlo con un consejo no pedido (los cuales son los peores): si tiene ganas de ventilar frustraciones, no escriba carteles. Escriba un blog.