A su guitarra, Zitarrosa no le hablaba de usted. A su guitarra, Zitarrosa la tuteaba ("vos lo sabés, guitarra negra").
Cuando estamos rodeados de nuestros congéneres, los humanos generalmente hablamos de estupideces y de bueyes perdidos. Pero la pregunta que hoy nos junta en este espacio es ¿de qué hablamos los humanos cuando hablamos con objetos? Y no lo digo en sentido metafórico ("hablar contigo es como hablar con la pared") sino literal: ¿qué le decimos a las paredes? ¿Cómo influye el diseño de un objeto en su capacidad de diálogo, por más que esta solo exista en la mente loca de su dueño?
Obviamente la pregunta es retórica y ya tengo armada una pequeña teoría al respecto. Y más obvio aún es que ahora se las voy a contar. Lo que no es tan obvio es que hoy almorcé empanadas de atún. Enfin. Los humanos le hablamos habitualmente a los objetos que son herramientas. Pero les hablamos distinto si son herramientas complejas o herramientas simples. La primera categoría son los objetos que a veces andan y a veces no y no entendemos bien por qué. Si mal no recuerdo, Papert le llama a estos objetos "opacos", en el sentido que no entendemos cómo funciona (para comprenderlos hay que desarmarlos). Ejemplos: el auto ("dale, arrancá autito querido, vos podés, no me dejes a pie") y la computadora ("bo, Windows de mierda, no te colgués justo ahora!").
Las herramientas "transparentes" son más simples y sus mecanismos están a simple vista. Por lo tanto no es necesario hablarles para que funcionen bien. Si una guitarra está desafinada, lo escuchamos y podemos afinarla con un mecanismo al cual tenemos acceso inmediato. Si una guitarra no suena, es porque las cuerdas están en mal estado o directamente rotas, y eso también salta a la vista. Las guitarras no son caprichosas porque juegan con todas las cartas a la vista.
A diferencia de la computadora, la guitarra es cálida al tacto y está diseñada para ser abrazada. A la guitarra no se la putea ni se la culpa por errores nuestros. A la guitarra no se le implora, no se la trata de manipular con súplicas para que funcione. Porque no esconde oscuros mecanismos ocultos, la guitarra es clara y va de frente. Tiene sus entrañas y su alma a flor de piel, se ofrece desnuda y sincera. Por eso sabemos que no es traicionera, por eso sabemos que es nuestra igual. A la guitarra no se le habla de usted, sino que se la tutea.
El ser humano le habla a muchos objetos, pero a la guitarra no. Con la guitarra conversa.