Claro, la foto de arriba no debería ser de estas adorables lámparas vienesas sino de un tronco lleno de clavos. Austria ha sido toda una sorpresa aunque, pensándolo bien, ningún lugar que tome en serio la cerveza y la repostería puede ser malo. Si bien el Danubio no es tan azul como debería, la actitud de los lugareños logra el milagro: su alemán hasta suena melodioso por momentos.
Pero volvamos al tronco con clavos. Una de la ventaja de investigar juegos es que hay juegos para todos los gustos. Los adolescentes (y no tanto) tienen juegos de chuponear y de franelear. Los adultos (y no tanto) tienen juegos alcohólicos (hay que admitir que suenan mejor en inglés: "drinking games"). Fue a la salida de un bar cercano al ayuntamiento vienés que, justo a Steven Poole, advertimos un tronco lleno de clavos junto a la puerta. Rápidamente los locales nos demostraron su tradicional juego con orgullo (parece que es particularmente popular en las estaciones de ski).
El juego consiste en tomar turnos para martillar un clavo sobre un tronco talado, usando la parte fina de la cabeza del martillo. En teoría suena complicado, pero a eso hay que agregarle que cada error se paga con un gran sorbo de cebada fermentada. La sensación de satisfacción que da "darle al clavo" es difícil de describir pero digamos que en cuatro minutos me dio bastantes más satisfacciones que mi Sony PSP (aunque no quiero ser ingrato, pues la última version de Space Invaders está muy buena).
Si alguna vez se encuentran aburridos y tienen disponibilidad de martillos, clavos, cerveza y un buen cacho de árbol, su diversión está asegurada. En serio.
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