
Ayer los carteles decían, simplemente, “I am a man”.
Cuando uno tiene algo para decir, lo escribe en un cartel. Y lo lleva bien alto, para que todo el mundo lo lea. Tiene que ser un mensaje claro, para que todo el mundo lo entienda.
En 1968, en Memphis, Tennessee, hubo una gran huelga y manifestación por los derechos civiles. Toda la gente llevaba un cartel que decía, simplemente, “I am a man”.
Me pongo a pensar y no encuentro ninguna reivindicación más básica que esta. Ninguna. Cuando un escribe en un cartel para recordarle al mundo que es una persona es porque, simplemente, todo queda por decir.
Tantas nuevas manos han repintado esos mismos carteles durante cuarenta años. Tantas nuevas manos escribieron y sobrescribieron mensajes contra la guerra, contra la tortura, contra el capitalismo salvaje. Capa sobre capa de pintura, un grito sobre otro grito, pintados y repintados sobre los carteles de quienes comenzaron diciendo al mundo que eran, simplemente, hombres.
Cuando uno tiene algo para decir, lo escribe en un cartel. Y lo lleva bien alto, para que todo el mundo lo lea. Tiene que ser un mensaje claro, para que todo el mundo lo entienda.
Hoy los carteles dicen, simplemente, “Obama Presidente”.