Los Simpsons tienen a Krusty, nosotros tenemos a Cacho.
Arturo de la Cruz Feliciani vino de la Argentina, se olvidó de su trombón en un taxi y no se volvió a ir. Nunca un trombón hizo sonar a tanta gente.
Para bien y para mal, Cacho es el responsable de que varias generaciones sepamos que la derrota tiene sabor dulce, tomándonos una junto al grande de Fermín y su interminable fuente de Fanta.
Durante la dictadura, Cacho nos asustó con dos medio tanques buchones, un super yo robótico que todo lo veía y sabía, gracias a su red de informantes maternas.
Cacho, igual que Krusty, ha llevado una vida sórdida cada vez que se apagan las cámaras que funcionan a fuerza de alfajores y refrescos. Peluca y tacos altos durante el fin de semana con Chichita y, el resto de los días, el lecho calentado por una de las Chicas Guau.
Centenares de curros y cachivaches, yo-yó, álbumes y discos, incluyendo el álbum de ese hombre más heroico que el mismo Artigas: Super Cacho. Cada uno de ellos esculpió la cara de la cultura uruguaya.
Muchas veces, detrás del cuadro nos encontrábamos con el chancho. Pero otras, la pantalla del doce nos recordaba que en el fondo todos queremos hacer bochinche, que es mejor.
Excelente post!
Aguante Ultratón!
Publicado por: Fiore | marzo 20, 2009 en 12:08 p.m.