Bienvenidos a Uruguay.
Luego de coleccionar un sellito nuevo en tu pasaporte, te reciben 3 personas que pasan el día sentados, mirando el monitor del scaner de equipaje.
3 personas haciendo el trabajo de 1 (una).
3 personas trabajando a 1/3.
Y 1/3 es mucho menos todavía que a 1/2 máquina.
A pesar de que es divertido, no se trata de demonizar a los empleados públicos.
Trabajar para el Estado, trabajar para todos, debería ser motivo de orgullo y reconocimiento. Debería ser un milagro, repartir panes y PCs para los gurises. Crear puentes para caminar sobre las aguas, uniendo gente. Extender la mano para que los más infelices se levanten y, maravilla, anden.
Sí, los empleados públicos al 33% son parte del problema. Pero todos nosotros nos comportamos como hombres y mujeres públicas, vendiéndonos en las esquinas por un 1/3. El egoísmo y el corporativismo (que es el egoísmo de muchos) nos roban 2/3 y hacemos como que no nos damos cuenta. Egoísmo que transformó un Estado de bienestar en un estado de malestar permanente.
Este es un problema que no se arregla en la elección del domingo, ni en las elecciones de fin de año. Se arregla con elecciones.
Elecciones personales y colectivas. Se arregla con elegir no conformarse con el 3 por 1. Elegir el bien común y no el de los nuestros. Elegir que se puede cambiar, elegir que uno puede cambiar.
Mientras tanto, los tres tristes orientales siguen sentados en el aeropuerto, anclados a tierra, mirando al mundo levantar vuelo.