Sin darnos cuenta, nos vamos desarmando cada vez que nos desprendemos de nuestros objetos. Y cuando sólo queden nuestros huesos olvidados en un cajón, nuestros petates marcharán en fila india a buscar su lugar en las calles del Cordón.
Habrá que esperar al domingo para que ocurra el milagro.
Donantes involuntarios de órganos cotidianos, renaceremos en cada buzo que da abrigo, en cada paso de nuestros viejos zapatos y en cada tornillo que perdimos (justo la piecita que faltaba para arreglar el calentador). Y seguiremos latiendo, desparramados en las cosas que dejamos atrás, en una calesita que hoy cumple cien años pero que arrancó a girar junto con el mundo mismo. Lo único seguro es que, en cuerpo o en cachivache, un domingo como cualquier otro volveremos a Tristán.
Simplemente excelente... Si no fuese por vos no me enteraba q se cumplian 100 años de ese camino de cachivaches... saludos...
Publicado por: www.facebook.com/profile.php?id=1389427400 | octubre 01, 2009 en 12:28 p.m.