El futón madrileño sobre el que aterrizo luego de 11 horas de vuelo está junto a la cocina, debajo de una ventana que da a la calle del Amparo, a dos cuadras de la plaza. El jetlag no para de dar vueltas. Me empuja, ronca, se queda quietito y me abraza. Cierro los ojos y me vuelve a patear.
Pasos.
Vecinas con la compra.
La música de la peluquería de enfrente.
Cuatro ladridos.
El camión de la basura.
La radio del piso de arriba.
Cantan por la calle del Tribulete.
Otra vez se enciende el motor de la heladera.
Comentarios de fútbol.
Una bocina.
Tacos.
Arrastran cajones de verdura.
Cuatro gritos.
Al baño a mear cañas.
Coche despacio por calle estrecha.
Portazo y pelea.
Niños calle abajo.
Rejas de enrollar.
Dos amigas.
Cerradura que no anda bien.
Moto.
Barriendo la escalera.
Una pelota.
Botellas.
Ruedas sobre el empedrado.
Alguien patea tachos.
Ringtones.
Silencio: hora de orar.
y la vida, esperando ahí fuera
una metáfora rota
Publicado por: Marcasobremarca | abril 29, 2011 en 07:29 a.m.