Publicado el 10:36 a.m. en Estado de Malestar | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
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Publicado el 02:41 p.m. en Estado de Malestar | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
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Publicado el 11:31 a.m. en Estado de Malestar | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
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Hoy vi una babosa.
Hacía siglos que no veía una. Seguro que hace más de dos décadas. Capaz que había visto una de refilón y no me dí cuenta. Es posible que incluso haya visto su baba sobre el piso de ladrillos o piedra laja y no le dí importancia.
Las viejas la matan con sal, que absorbe el agua y le seca la baba. Una babosa sin baba no es nada, pierde hasta el nombre.
Verla así, de cerca, moviéndose despacito, hacía mucho tiempo que no me sucedía.
Seguramente yo estuve muy ocupado en los últimos tiempos como para ocuparme de la babosa. O al menos, para ponerme a la altura de ella, sentado en un escalón del fondo, tomando el sol y estudiando el piso.
Ver a la babosa fue como ver a un tigre o a una ballena. Capaz que durante todos estos años yo estuve en peligro de extinción y ni me dí cuenta. A diferencia de la babosa. La babosa, ella, tan campante, siguió con lo suyo, como si nada.
Hoy vi una babosa y mañana seguramente el recuerdo se me pierda por el camino de mi carrera, llena de reuniones con gente apurada.
En cambio, la babosa –ese caracol desalojado– seguirá construyendo, a su paso, senderos brillantes.
Publicado el 02:09 p.m. en Estado de Malestar | Enlace permanente | Comentarios (3) | TrackBack (0)
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...pidiendome cigarros. Harto de que me pregunten si el 522 para en la esquina. Harto de que me pregunten si ya pasó el 522. Harto de que me pidan fiado. Harto de los que entran, hacen mil preguntas y se van sin comprar nada. Harto de que no venga nadie en todo el día y justo entre gente cuando estoy en el baño. Harto de que me vengan sin cambio. Harto de que entren veinte personas cinco minutos antes de cerrar. Harto de los que tocan si no van a comprar. Harto de los que me piden para hacer una llamadita. Harto de los que me imploran por usar el baño. Harto de que el dueño pase sin aviso justo el día que cerré 15 minutos antes. Pero, por sobre todas las cosas, estoy harto de los que no leen mis carteles."
Esto es lo que yo leo en este cartel, que me llamó la atención el otro día en la puerta de un cyber. Personalmente, yo estoy harto en general de los que hacen carteles. El cartel es un arma peligrosa y mortal, si se usa bien. El problema es que muchísimas veces termina siendo un parche mal usado para arreglar cosas que no se pueden solucionar a medias. Por ejemplo, los carteles que dicen "Puerta Clausurada". Obviamente todo el mundo va a seguir tratando de usar la puerta a pesar del cartel, porque la puerta sigue siendo una puerta. Mucho más efectivo que poner un cartel es quitar el pestillo. Es como poner la sal en el azucarero y avisarle a todo el mundo en tu familia. A pesar del aviso, tarde o temprano, alguien se terminará poniendo cara de puaj a la hora del café con leche. Y el "yo te avisé" no viene al caso (salvo que sean los Fabulosos). Avisar es inútil, porque los objetos tienen carteles internos e invisibles, que están en el ADN de su diseño. Las puertas están hechas para ser abiertas. Los azucareros para poner azúcar. Y los kioscos, para ser acosados por preguntones.
Hay otras razones por las cuales la gente no lee los carteles. La segunda y más probable es que estamos inundados por ellos. Y la mayoría son realmente malos. Es una de las secuelas que nos dejó la revolución del desktop publishing en los 80 (la culpa la tiene Steve Jobs y su bendita Mac con impresora laser). Hoy cualquiera tiene una impresora, la cual es otra arma muy poderosa (no en vano el principal enemigo de los totalitarios es el mimeógrafo). El problema es que, a diferencia de los autos, no hay curso obligatorio ni licencia para usarla. Entonces se piensa que por el simple hecho de saber escribir y plasmar unos textos en un pedazo de papel, podemos cambiar el mundo. La verdad, como siempre, es un poco más complicada. La mayor parte de las veces, ni los carteles bien escritos y diagramados pueden cambiar el mundo. Pero por lo menos son más leídos, y gracias a eso los buenos diseñadores gráficos duermen tranquilos por las noches.
De todas formas, hagan lo que hagan, no pidan cigarros en el cyber de la foto (Punta Carretas). Este cartel me asustó más que el tradicional cartelito que se pone en las puertas de los jardines, el cual en épocas romanas se conocía como "cave canem" y hoy se escribe "cuidado con el perro". Y a pesar de la combinación de miedo y ternura que me da el empleado/a cartelista, me atrevo a entrar e irrumpir en su boliche para molestarlo con un consejo no pedido (los cuales son los peores): si tiene ganas de ventilar frustraciones, no escriba carteles. Escriba un blog.
Publicado el 07:04 p.m. en Estado de Malestar | Enlace permanente | Comentarios (2) | TrackBack (0)
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Publicado el 06:30 p.m. en Estado de Malestar | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
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La lucha contra el tabaco me parece bien. Desde hace un tiempo, todas las cajas de cigarrillos de Uruguay aparecen con una serie de avisos ingeniosos, de muy buena factura visual, elaborados por el Ministerio de Salud Pública. Cumplen el rol de los mensajes textuales del tipo "FUMAR MATA" que aparecen en otros países. Desde un punto de vista publicitario, son claros, ingeniosos y bien hechos (esto independientemente de cuán efectivos sean).
Si algo aprendí sobre fotografía, cine y publicidad, es que las imágenes que aparecen encuadradas son siempre responsabilidad del autor, quien decide no sólo qué queda dentro del encuadre sino también qué queda fuera. Por eso, me llama poderosamente la atención de uno de los avisos del MSP, el cual advierte contra los riesgos de fumar durante el embarazo. Hasta ahí, estamos todos de acuerdo: fumar durante el embarazo no es bueno, ni para la madre ni para su hijo. Sin embargo, hay un sutil detalle que puede pasar inadvertido: la mujer embarazada tiene un anillo de bodas en su mano. Me pregunto qué agrega al mensaje antitabaco que la madre esté casada? Acaso el tabaquismo no afecta a las madres solteras? El anillo no agrega nada al mensaje, salvo la interpretación que, para el MSP, una madre "normal" es una madre casada.
Puede parecer una nimiedad, una minucia, una pavada. Obviamente hay problemas públicos mucho más graves que este. Pero eso no es excusa. ¿Desde cuando el estado tiene el deber de, inadvertidamente, dar lecciones de moral? Al niño del aviso nadie le preguntó si quería fumar. A nosotros nadie nos preguntó si queríamos lecciones de moral (pagada con plata de todos).
Publicado el 02:19 p.m. en Estado de Malestar | Enlace permanente | Comentarios (2) | TrackBack (0)
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